EL PASEO

No dejes tu alegría a la intemperie.
En el balcón, a la sombra del tiesto
de la hierbabuena, como si fuera
un pedazo de barro o un olvido
sólo a medias olvido, posa también
un vaso de agua clara.
                                       Si mañana
te despiertas con el alma sin alma
porque te han mordido las alimañas
que se ocultan en la noche
para herirla, para borrar su huella,
acércate en silencio y bebe un sorbo
sin prisa. Muy pequeño. Como beben
los gorriones en el amanecer
de cada día. Desparrama el resto
lentamente en el corazón dormido
de la alegría y avanza con ella
de la mano.
                     Que se acople a tus pasos
para llenar el día de sentido.

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