RETRATO

Callado frente al mar como una roca.
Toda la luz hiriéndole los ojos,
toda la sal,
                       el viento
                                         y su lujuria
entrometiéndose en la piel como las olas
en las últimas cuevas de la costa.
Pasa horas allí hasta que se olvida
de todo lo que duele. Solo y feliz.
Como una gaviota en el mástil del pesquero
o apartada de todo en el acantilado.
Muchos años después, casi de noche,
todavía en silencio,
recoge en una red imaginaria
las palabras que anhela el corazón
para seguir en danza, para entender
la vida y para amarla sin tapujos,
como lo hacía entonces.

No hay comentarios:

Publicar un comentario