LA SIEMBRA

Busca en ti la raíz de la postrera
llama, acoge en el alma la semilla
de alegría que no pudo germinar.
Que no haya sido vana tanta entrega
a la fertilidad casi imposible
de la tierra, que el amor que sembraste
te devuelva aunque sea el simulacro
de un latido generoso y profundo.
Que la última gota se detenga
un instante en la herida de tus labios.
Que la sientas bajar hasta el origen
de la fe que ha habitado en tus entrañas
sin dejarse abatir por la negrura
obstinada de los días.
                                        Que escuches,
a punto de partir, por fin vencido,
casi inconsciente,
                                la música feliz
de la verdad que no siempre supiste
reconvertir en árbol o en misterio.

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