CUARTO DE GUARDIA

Resulta que era aquí, donde te sientas
cada mañana a recibir el roce
que deja en una esquina de la mesa
como una ofrenda siempre inesperada−
el labio ávido del alba, junto
a la mano de hierro que venera
tus orígenes y cuida la raíz
de la que vienes, exactamente aquí,
donde sucede todo,
                                         donde todo
se aprieta con la fuerza de un abrazo
mantenido y eterno, sin fisuras.
En este humilde cuarto de palabras
que esperan la rendición de tus ojos
y una taza humeante de silencio
cada tarde.
                       El lugar de la vida
sosegada y la música del alma.
Era aquí donde estaba la parada
que nunca figuraba en el trayecto:
la caricia del sol en la madera
donde apoyas los brazos
                                                      y los sueños.

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