DESPOJAMIENTO

Empieza a ser innecesario
conservar tantos libros que nada te dijeron
en su día o no han sabido
reclamar tu atención después de varios años
acumulando olvido en los estantes. Son tan pocas
las cosas que pueden acompañarte
o ceder a tu cuerpo un simulacro de calor
en el recto camino de la soledad,
cuando en tu alma resuenan, cada día
más débiles, las mejores palabras.

Vuelve al principio, escribe en el agua
las que delimitaron tu piel
y dieron cauce al milagro, reconoce
entre los escombros la palpitación
de su latido más hondo, el que dio origen
a la vida que elegiste y te marcó el camino,
ese que no ha podido desarbolar
el vendaval.
                     Dales el calor
de tu mirada, acógelas de nuevo
entre las paredes del alma y cumple
su designio diciéndolas despacio,
con la humildad serena 
de quien sabe que ignora lo esencial. 

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