BANCO PÚBLICO

Entre la gente, aunque camine solo
hacia cualquier asunto cotidiano
comprar una alcayata o hierbabuena
para colgar un cuadro en el pasillo
o reventar de vida el balconcito,
llegan al alma, lentas como olas
de un mar en calma, las palabras dulces
que amamanta el silencio, las que nunca
se pronuncian delante de los otros,
las que germinan a oscuras y se mecen
en los brazos de seda de la luna.
Las que esperan su turno.
Me las trae en la boca
un perro callejero o una nube
que pasa, el azar de un recuerdo,
un encuentro feliz en el mercado,
esa mujer con el pañuelo al cuello
que está pidiendo auxilio cuando mira,
ese banco sin gente
donde quizá me siente cualquier día,
en paz al fin, sin lamentar ya nada,
a escuchar la canción del universo.

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