LA BIEN AMADA

La poesía, esquiva en la bonanza
y siempre fiel cuando se nubla el cielo,
la única que no aparta la mirada
cuando hacen su entrada los heraldos negros
ni rehúye el cuerpo a cuerpo, la que soporta
mis peores modales, mi agresivo silencio
y mis desavenencias con la vida, la que sostiene
el alma aunque tenga que bajar a los abismos
más impenetrables, aunque salga maltrecha
y se avergüence a veces de sí misma
por lo que le hago decir. La que se sabe
al dedillo mis desdichas y mis sueños.
La que vigila, paciente, cada uno de mis pasos.
La que me escucha hoy sin decir nada.
La que sólo se retira a descansar
cuando me sabe a salvo.

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