ACTO DE FE

Dame la sombra, Dios, tú que no existes,
concédeme el milagro del olvido,
borra del alma las huellas de la herida,
crea de nuevo el caos del que venimos
y renuncia a olvidarlo. Sé justo por fin,
mira dentro de ti y descrea el mundo.
Déjame sin agua y sin memoria
en el desierto, sin espigas ni zarzas,
desnudo ante el misterio.
Extirpa de mi pecho la esperanza
y llévate mi nombre envuelto en los harapos
de ilusionista ambulante
con que engatusas, ávido, a la plebe.
Nada quiero de ti salvo el silencio,
el reconocimiento de la oscuridad.
Que la insistencia eterna de la lluvia
desfigure el perfil de las últimas palabras.
Que se desfonde el alma
                                                     y sobreviva,
si ha de hacerlo, a la intemperie.

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