MANOS

Sólo ellas se acercan a las cosas
con sigilo para hacerlas de nuevo
en cada roce como si fueran barro
que espera ese milagro en la cuneta.

Un libro, una cazuela o un juguete
resucitan a la vida cada vez que los tocamos.
Si se dejan estar
en una espalda desnuda, si atracan
en la mesa junto a otra mano sola,
ya todo se confunde
y entonces se disparan como ardillas,
construyen laberintos en el aire,
escudriñan cada valle, entran
en cada cueva con fe de exploradoras,
se refugian en el bosque, se amansan
en la orilla, se mecen en la rama
como alondras. Van y vienen
como ríos de lava en la piel que las acoge.

Sólo se abaten, malheridas,
si en pleno vuelo encuentran el vacío.

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