HOY, POR EJEMPLO

La vida comienza cualquier día.
Da lo mismo que llueva o el viento
levante la hojarasca del camino.
Cuando la destrucción parece inevitable
y se rinden los últimos reductos
del alma,
                  cuando ronda la muerte
sin ocultar su rostro,
                                      un simple gesto
de apariencia involuntaria le da un giro
al rumbo que traía de la noche,
templa el dolor, lo asume, le da sentido
y abre un resquicio en la tiniebla
por el que entra, renovado, el aire.
Depende de nosotros el siguiente paso.
Entender las señales. Iniciar el viaje.

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