FRÍO

La casa toda se ha encogido de frío
y los objetos que la pueblan
se desorientan, murmuran, se encogen
como erizos, se diría que anhelan
arroparse entre las mantas.
La luz en el estudio
también duda y se entristece,
la mesa (los libros, los papeles, todo
lo que ayer mismo era una hoguera
de proyectos) se ha convertido en un desierto
de silencio y la silla, convaleciente,
extraña, como exiliada en su esquina,
se echa a andar,
                                 se detiene la música,
los lápices se aprietan para darse calor
como corderos, el pan en la cocina
se estremece de hambre
y el dueño de la casa, a la intemperie
en su propio dormitorio,
permanece inmóvil con un libro en el regazo.
Todo tiembla a su alrededor por un instante
como si se despidiera. Hasta que un rayo
diminuto entra sin llamar, avanza
hasta la alfombra, acaricia sus pies.

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