Voces

Mira a tu alrededor, abre los ojos,
busca en las habitaciones de tu propia casa
el murmullo de las otras voces que la habitan.
Son ellas las que forjan cada día
el misterio que no dejas de entregar
aunque no sepas explicarle al mundo
los abismos que se abren a tus pies,
son ellas el agua subterránea que alimenta
la música del sueño.
No todas llegan a resonar en el alma,
no se dan a cualquier precio, no arriesgan
el pellejo si no vale la pena
la emoción que las sílabas arrastran.
Escúchalas con calma en la soledad
que empaña los cristales de la tarde
algunas veces, ábreles sin temor
el cofre, concédeles el cauce que las guíe
hacia la desnudez de la verdad
que vienen a mostrarte donde menos lo esperas,
el tramo más amargo del insomnio,
el respaldo gastado de la silla
donde aguardas cada día
el milagroso acorde,
la página de un libro.
                                      Recupera
el aliento, escucha, impregna tus horas
de esa rara armonía que te ofrecen
de balde, moja tus manos sin temor
en la humedad que dejan en el aire.

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