La puerta abierta

Tú sabes que has vivivo sin cerrar la puerta
y que por esas rendijas se ha colado
hasta el tuétano el cuchillo criminal
de un viento frío,
                               pero también
el timbre generoso de una voz
o una mano sin trampa, la flor
de una mirada que se da para quedarse,
la furia limpia del deseo, la bondad,
la desnudez valiente de la vida
dispuesta a derramarse sin cálculo
para ser lo que ha de ser: este riesgo
feliz, esta hoguera encendida, este regalo
a punto siempre de perderse entre la niebla.

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