Gorrión

Ha vuelto el gorrión a la ventana.
Es un instante de belleza pura.
Ya sé que no es aquel. Ni yo tampoco.
Escucharé el gorjeo con que aviva,
acaso sin saberlo, las macetas
del balcón, la mirada que contempla
su loca algarabía y sus afanes.

Quisiera, como él, no tener miedo
y volar a otro alero por sorpresa.
Vivir de rama en rama, tan tranquilo,
sin que nada interrumpa mi alegría.

Ya sé que no es aquel, pero me mira,
casi inmóvil, como si se acordara.

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