Clase turista

Estos que van conmigo en el vagón, en silencio
o dormidos, hacia un destino tal vez nuevo,
estos que vuelven con el alma
entre alfileres
cada día
de un trabajo penoso,
estos que miran el paisaje y nada dicen
porque es para ellos la misma página
de ayer, el mismo espejo de ceniza,
esos otros ―más jóvenes― que no paran
de hablar como babuinos, esos que leen
o corrigen un examen,
esos que anotan algo en un cuaderno
de hule o subrayan en un libro
la palabra saudade, esos que escriben
o meditan,
                            ¿qué andan buscando en la espesura?
¿Saben acaso qué trampa les espera
o qué milagro en el andén de la estación
a la que llegan, una ciudad de piedra
que parece temblar entre la niebla
o un poblacho vacío? ¿Llegarán a conocer
la razón de su viaje? ¿Regresarán vencidos
o se darán de bruces con el sueño
de encontrar −algo a deshora−
ese rincón
de luz inesperada,
una casa con ventanas, un río que les hable,
un corazón donde pararse al fin para sentir
la transparencia, el rumor que da origen
a la música que sostiene las almas,
el latido más cierto de la vida?
Estos que me han acompañado
a lo largo de unas horas por azar,
inolvidables ya
aunque no sepa ni su nombre,
¿qué se llevan de mí en sus humildes
equipajes o en sus risas?,
¿qué misterio se dejan olvidado
junto a la ventanilla para que yo,
tal vez, pobre de mí, lo desentrañe?





Talgo Madrid−Ourense

1 comentario:

  1. El eterno interrogante de todo viajero con destino incierto. Nunca podremos desentrañarlo...

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