El tiempo muerto

El tiempo, después de un largo tiempo
jugando al escondite con la fiebre
de mis ojos, se ha hecho herida
en la carne. Mana con lentitud,
se expande, calla, se detiene.
Siento la fuerza destructiva de su paso
y el espesor de su caudal inagotable
en el humo de los cigarrillos
que me arrasan la garganta, se adensa
en el entramado de alambres afilados
que se retuerce en el pecho,
lo mastico sin hambre, me desvela,
me acorrala.
                       Es mi enemigo.
Pero una voz que viene de muy lejos
me recuerda que no puede vencerme.
Que sólo seré suyo si me rindo.
Y en ese instante morirá conmigo.

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