Susurros del Miño

A la orilla del río tuve un sueño.
Salpicó mis zapatos una brizna
de tiempo que moría
                                      o una sombra
conocida, la dulce silueta
del hombre que se fue sin despedirse
de nosotros. Sentí que me llamaba
para dar un paseo
                                 o para hablarme
con la serena voz que nos curaba.
Cerré los ojos. Me adentré en el agua.
Y me dejé llevar hacia su abismo.

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